Gorras y turbantes con apliques de cabello natural y mucho amor

Fátima Pedroza es peluquera, miembro de la Fundación HOPe e ideadora de este proyecto. Estos accesorios están destinados a las pequeñas que están en tratamiento.

Fátima es peluquera de alma. Es de esas personas tan entregadas a su oficio, que lo integran a todas las áreas de su vida y lo promueven por cada espacio por el que están. 
Desde hace varios años Fátima Pedroza es parte de la Fundación HOPe. En las primeras épocas y por ese espíritu de fiesta que la caracteriza se encargaba de que los pequeños que se alojaban en la Fundación durante sus tratamientos de quimioterapia contra el cáncer, celebraran sus cumpleaños y, por lo menos una vez al mes, fueran al cine. 

Luego surgió la idea de realizar la colecta de cabello y así puso su oficio en acción. Las donaciones de cabello no tardaron y surgieron las primeras pelucas, pero con el tiempo las necesidades de los pequeños fueron cambiando y los gustos también. 

En los meses de la cuarentena los miembros de la Fundación HOPe realizaban reuniones virtuales, intercambiando ideas y analizando cada uno de los casos de los pequeños que estaban internados o con tratamiento ambulatorio.

En uno de esos encuentros surgió un caso particular. Se trataba de una niña de 5 años que necesitaba con urgencia una peluca. Los tratamientos contra el cáncer habían cambiado su imagen y ella se percibía. Había que resolver las emociones que la molestaban. Un día Fátima se acercó a la casa de esta pequeña con una peluca. “Se la puso, se cambió de ropa. Al instante se puso un vestido y no paraba de jugar. Viéndola, me di cuenta de que para algunos juegos la peluca era incómoda y le provocaba calor. Ya en mi casa se me ocurrió la idea del turbante con cabello. Armé uno y se lo acerqué a su mamá. Fue tanto el cambio, que me contaba que esta pequeñita no se lo sacaba ni para dormir y que quería otro con brillos”, contó Fátima a El Tribuno.

Las gorras y turbantes fueron un éxito y ahora no solo se sumaron las mayores, sino que además se están haciendo modelos personalizados. “Ahora estamos en pleno armado de modelos y le vamos preguntando a las chicas qué quieren que tengan, y se los armamos para que ellas se sientan cómodas”, destacó Fátima.

Para la producción se utilizan gorras con visera, lentejuelas y apliques de piedras. El cabello que se agrega es natural, donado por las chicas que se acercan a la Fundación. “Solo pedimos 20 cm, no hace falta más”, advierte esta profesional del cabello. La producción de los turbantes se hace entre las mamás de la Fundación HOPe y bajo la dirección de Valeria Quiroga. El cabello donado recibe el tratamiento necesario para que los chicos puedan usarlo sin riesgo. Pablo Ibarra es el peluquero que cose las cortinas y luego se suman a las gorritas.

Toda la producción se entrega en forma gratuita.

Fuente: El Tribuno